Bueno amig@s, pues pensando en lo que representa y significa esta ciudad esta mañana he vuelto a reflexionar sobre la cantidad de turistas que París recibe en un día.
Hace tiempo me dio por fijarme. Estaciones de tren llenas de mochileros y viajeros con maletas, mi parada de tren del curro (que comunica con uno de los aeropuertos más cercanos a París) hasta la bola de gente con maletas, recien llegados del aeropuerto, con la mirada perdida en los carteles de información... y reparé en la gran cantidad (enorme) de turistas que esta ciudad recibe.
Estamos acostumbrados quizá a Madrid o Barna, como ciudades turísticas. O fiestas puntuales como Las Fallas, o Semana Santa en Sevilla, pero nada como ver día tras día autobuses, metros, trenes... llenos de gente de paso.
Y lo se porque además vivo a 5 minutos de una de las atracciones de la ciudad; La Torre Eiffel. Autobuses de toda Europa que descargan y cargan como ganado a los incautos turistas, perseguidos por los vendedores de souvenirs...
La verdad es que cada vez que reparo en los turistas... casi me da pena que una ciudad se convierta en eso... un sitio de paso para millones de personas... algo a lo que hacer unas fotos y volver al autobus. Sobre todo con una ciudad tan grande, llena de cultura e historia, y en la que a pesar de todos sus inconvenientes merece la pena vivir unos meses para conocerla a fondo.
Y pensando en eso.... me dio también por pensar en la cantidad de historias curiosas que esta ciudad puede generar a sus habitantes, bien habituales, bien de paso, como yo.
De hecho llevo tiempo queriendo contaros un par de historias de esas graciosas, porque a pesar de lo enorme y dura que puede parecer esta ciudad... hasta ahora las dos historias que mas me han impresionado son historias de esas que acaban en absurdos, en risas entre los amigotes.
La primera es la historia de un amigo, Javi, que trabaja aquí este año (quizá el no me lea, pero algunos de los que me leen saben quien es, conocen la historia y seguro que le recomiendan leerla).
Javi salió una noche de fiesta con el resto de españoles, y tuvo, como decirlo, una de esas noches felices en las que todo el mundo se va a dormir excepto tu (ya me entendéis... feliz = alcohol...). Lo siguiente que Javi recuerda es que amaneciendo ya (pasadas las borricas de leche, como dicen en Albacete) volvía un poco despistado por uno de los barrios poco recomendables para andar sólo a esas horas, cuando sintió como le tiraban al suelo desde su espalda... y vio como un tipo salía corriendo con su cartera.
No se si lo he explicado antes, pero aqui las tarjetas de crédito funcionan mucho más que en España, de hecho puedes salir de copas y pagar tu cervecita con tu tarjeta. Por eso Javi no llevaba nada de dinero en la cartera, pero SI todas las tarjetas, bonos de transporte, etc.
Y su primer pensamiento fue... jodo... con el tiempo que me ha costado abrir la cuenta del banco, el abono de transportes, el de la piscina, gimnasio, zoo municipal... y este primer pensamiento salió por su boca en forma de grito "tío, llevate el dinero pero dejame el bono de transportes".
Y el ladrón, cosa curiosa, se volvió y le dijo: "he tirado la cartera en esa papelera". A lo que Javi respondió... "Tío me he bebido el Manzanares... ¿donde exactamente está la papelera?".
Lo siguiente que Javi recuerda es estar sentado en el suelo, con el ladrón, tomándose un pitillo, y el tipo contándole lo duro que era la vida en París, que lo de robar ya no era tan fácil con las tarjetas de crédito, que tenía que alimentar a sus hijos, etc.
Es decir: Javi salió de fiesta, la agarró de esas felices, le robaron y acabó fumándose un truja con el tipo que le robó y hablando de lo dura que era la vida en París. Noche completa ¿no?.
La segunda historia es la de mi "barman" favorito. Francisque (Paco, francés casado con una pontevedresa). Tiene un bar debajo de mi casa y siempre está de broma. Es un tío de 60 años, a punto de jubilarse y vender el bar, aunque parece que tuviera 30 años y un humor a prueba de bombas.
Pues a Francisque, tipo que cierra su bar de café a eso de las 9 todas las noches, le entró un chaval encapuchado (la moda en París, la capucha) con una "mariposa" (ya sabéis, esas navajas de dos mangos). Le dijo: "Dame el dinero de la caja... mira como se abre ésto" y se flipó un poco tipo Steven Segal con la navaja (según Francisque también le cantaba el pocillo a alcohol).
Así que Francisque (que más sabe el diablo por viejo...) le dijo "tío tranquilo, no te pongas nervioso, ya he visto como se abre eso, pero dime... ¿como se cierra?".
El ladrón (¿he dicho que iba un poco borracho?) sin pensarlo dos veces dijo: "pues así" y volvió a ejecutar un paso de baile estilo Joaquín Cortes para cerrar la "mariposa". Momento que Francisque aprovechó para agarrarle por la muñeca con una mano y con la otra quitarle el "arma blanca" al listillo del ladrón.
La cara del ladrón fue un poema, y entonces Francisque sacó una navaja (toledana, de esas de 50 cm) de debajo del mostrador y dijo "yo también tengo jueguetes".
El ladrón salió por patas, y Francisque ahora tiene una navaja nueva, con la que divierte a la clientela mientras cuenta entre risas el último intento de robo del local. (En serio, deberíais escuchar la historia, te partes de risa cada tarde).
Bueno, como véis.. dos historias de esas de final feliz y además un poco humorístico, que es lo que a mi me gusta mas. En una ciudad enorme y dura como esta... parece mentira que las historias que más recuerdo son sencillamente esas que acaban con una sonrisa y el típico comentario de "jodo macho que potra tuviste".
¿Habrá pensado alguien alguna vez en escribir un libro sobre este tipo de historias de "gran ciudad"? Por ahora yo voy a seguir buscando más, y quizá algún día tenga historias suficientes para contar "batallitas" y escribir un libro con el que poder reirnos.
Bueno chic@s. Abrazos desde París, que de vez en cuando también deja soltar alguna carcajada.