Señor director:
Me dirijo a usted con la intención de comunicarle ciertos hechos acontecidos en la noche del 21 al 22 de junio de 2008 en la Villa de París, y en concreto sobre la Fiesta de la Música (Fête de la Musique) publicitada por su ayuntamiento.
No se trata de una carta en la que pretenda mostrar enfado, desconsuelo, ira o en una palabra, lo que me inspira dicha ciudad, DECEPCIÓN, ya que en 8 meses que llevo residiendo en la susodicha Villa el único sentimiento claro y continuado que la ciudad me ha transmitido es ese, decepción. No estoy sorprendido por lo que me ofreció la mencionada “Fiesta de la música” porque ya sabía que me iba a decepcionar antes de salir de casa.
Lo que quiero hacer con esta carta a su periódico, señor director, es constatar algunos de los hechos vividos durante esa noche, Hechos imparciales, nada sentimentales, al contrario, hechos racionales de los que cualquier viandante de la Villa puede dar testimonio.
Número 1: Señor director: Anunciar un producto y “vender” u “ofrecer” otro es un acto delictivo penado por la mayoría de los códigos judiciales de esta nuestra hermosa Europa. Si usted publicitara durante un mes, por ejemplo, algo llamado “Fiesta de la música de la Villa de París” y luego no ofreciera música el día señalado estaría estafando a los “compradores” de su “producto”. De hecho, “su” Fiesta de la música se quedaría en una “Fiesta de la…”.
Número 2: De igual manera, supongamos que por un casual, y a sabiendas de la estafa cometida, usted publicita su producto (Fiesta de la música) y no ofrece música. Al ser usted una entidad pública, cuyo sueldo pagan la mayoría de los habitantes de la Villa debería dignarse, por lo menos, en ofrecer un producto de menor calidad. En lugar de eso, usted atrae a la mayoría de los habitantes de “su” Villa al centro de la ciudad para ofrecerles una gran cantidad de NADA, provocando que la única salida, para unos habitantes hartos de lluvia y que por un día pueden ver el sol, sea la de sentarse en las plazas de “su” ciudad a beber alcohol hasta que las tiendas de los pakistanies cierren o “su” policía se digne en aparecer. Se convierte así, señor director, una hermosa ciudad en un macrocentro del botellón, digno del más alto nivel de otros como Lloret de Mar.
Número 3: Si aún así va a facilitar a los habitantes de la Villa que usted dirige la única distracción del alcohol a orillas del Sena, hágales entender que no hay que beber como si el mundo se fuera a acabar mañana, porque los estados de embriaguez alcanzados por los habitantes que (tan sabiamente) usted representa pueden llegar a causar problemas al resto de viandantes, turistas (que después publicitarán las “virtudes” de su ciudad al volver a su país de origen) y demás personal público.
Número 4: Respecto al tema transporte público… si aún leyendo los puntos anteriores usted continua “erre que erre” con su publicidad y además promete doblar el número de autobuses, metros y trenes durante TODA LA NOCHE… cúmplalo, ya que prometer algo para después cerrar a cal y canto la circulación vial en el interior de la ciudad es una cosa “muy fea”. A mi, no me importa tocarme los huevos tumbado en mi cama o tocarme los huevos de camino a casa porque no hay autobuses ni metros que me lleven a mi cama, pero estoy seguro que a los pocos habitantes “sobrios” que quedaran en el centro de la ciudad les fastidió (cuando no jodió) ver que las promesas del señor alcalde que ellos habían elegido eran tan válidas como los billetes de 27 euros que Pocholo deja en las fiestas de Pachá. Ni metros, ni buses, ni bicicletas en estado “pedaleatorio” en el centro de la ciudad. Habitantes atraídos por publicidad engañosa, cuya única salida es el alcohol y que no tienen forma de regresar a sus casas una vez apurada la última botella.
Señor director, créame cuando le digo que yo no denunciaría públicamente estos hechos si se tratara de una ciudad surafricana, en vías de desarrollo y con una infraestructura pública ínfima. Pero SI me veo en la obligación moral de denunciarlo (y publicitarlo en mi país de origen para evitar que “timen” a los futuros turistas) cuando se trata de una ciudad que se considera a si misma como una de las capitales mundiales (mentira) y con una infraestructura pública puntera (ni en sueños).
Vamos amig@s, que si no habéis entendido nada de lo anterior os cuento: ¿mi fin de semana? La fiesta de la música anunciada a bombo y platillo aquí en París fue un fiasco (ya estoy acostumbrado porque esta ciudad no me ha ofrecido nada interesante en los 8 meses que llevo viviendo en ella) pero de lo que si me quejo (aunque ya sin fuerzas porque nadie me hace caso) es de la ineptitud de sus habitantes, que ni siquiera se quejaron cuando vieron que lo prometido por su alcalde (trenes y buses nocturnos durante toda la noche, a parte de decir que ofrecía música cuando luego no había NADA) era “agua de borrajas”. Pero está claro que el nivel de inteligencia de los habitantes de esta Villa equivale al de su alcalde, y después de una decepción más solo me queda repetir en público lo que alguna vez he dicho en privado: Si la Republica Checa, un país admitido en nuestra gloriosa Comunidad Europea hace tan solo 4 años, tiene mejores infraestructuras públicas que Francia… ¿Qué coño hacemos que no hemos expulsado ya de una patada en el culo a esta otra república de nuestra Comunidad?
Sin otro menester, que el de aclarar los hechos acaecidos durante el fin de semana para que los posibles turistas no estén engañados y puedan comprender que incluso Cuenca es mejor destino turístico que París, se despide un asiduo lector de su columna en particular y de su periódico en general.
Me dirijo a usted con la intención de comunicarle ciertos hechos acontecidos en la noche del 21 al 22 de junio de 2008 en la Villa de París, y en concreto sobre la Fiesta de la Música (Fête de la Musique) publicitada por su ayuntamiento.
No se trata de una carta en la que pretenda mostrar enfado, desconsuelo, ira o en una palabra, lo que me inspira dicha ciudad, DECEPCIÓN, ya que en 8 meses que llevo residiendo en la susodicha Villa el único sentimiento claro y continuado que la ciudad me ha transmitido es ese, decepción. No estoy sorprendido por lo que me ofreció la mencionada “Fiesta de la música” porque ya sabía que me iba a decepcionar antes de salir de casa.
Lo que quiero hacer con esta carta a su periódico, señor director, es constatar algunos de los hechos vividos durante esa noche, Hechos imparciales, nada sentimentales, al contrario, hechos racionales de los que cualquier viandante de la Villa puede dar testimonio.
Número 1: Señor director: Anunciar un producto y “vender” u “ofrecer” otro es un acto delictivo penado por la mayoría de los códigos judiciales de esta nuestra hermosa Europa. Si usted publicitara durante un mes, por ejemplo, algo llamado “Fiesta de la música de la Villa de París” y luego no ofreciera música el día señalado estaría estafando a los “compradores” de su “producto”. De hecho, “su” Fiesta de la música se quedaría en una “Fiesta de la…”.
Número 2: De igual manera, supongamos que por un casual, y a sabiendas de la estafa cometida, usted publicita su producto (Fiesta de la música) y no ofrece música. Al ser usted una entidad pública, cuyo sueldo pagan la mayoría de los habitantes de la Villa debería dignarse, por lo menos, en ofrecer un producto de menor calidad. En lugar de eso, usted atrae a la mayoría de los habitantes de “su” Villa al centro de la ciudad para ofrecerles una gran cantidad de NADA, provocando que la única salida, para unos habitantes hartos de lluvia y que por un día pueden ver el sol, sea la de sentarse en las plazas de “su” ciudad a beber alcohol hasta que las tiendas de los pakistanies cierren o “su” policía se digne en aparecer. Se convierte así, señor director, una hermosa ciudad en un macrocentro del botellón, digno del más alto nivel de otros como Lloret de Mar.
Número 3: Si aún así va a facilitar a los habitantes de la Villa que usted dirige la única distracción del alcohol a orillas del Sena, hágales entender que no hay que beber como si el mundo se fuera a acabar mañana, porque los estados de embriaguez alcanzados por los habitantes que (tan sabiamente) usted representa pueden llegar a causar problemas al resto de viandantes, turistas (que después publicitarán las “virtudes” de su ciudad al volver a su país de origen) y demás personal público.
Número 4: Respecto al tema transporte público… si aún leyendo los puntos anteriores usted continua “erre que erre” con su publicidad y además promete doblar el número de autobuses, metros y trenes durante TODA LA NOCHE… cúmplalo, ya que prometer algo para después cerrar a cal y canto la circulación vial en el interior de la ciudad es una cosa “muy fea”. A mi, no me importa tocarme los huevos tumbado en mi cama o tocarme los huevos de camino a casa porque no hay autobuses ni metros que me lleven a mi cama, pero estoy seguro que a los pocos habitantes “sobrios” que quedaran en el centro de la ciudad les fastidió (cuando no jodió) ver que las promesas del señor alcalde que ellos habían elegido eran tan válidas como los billetes de 27 euros que Pocholo deja en las fiestas de Pachá. Ni metros, ni buses, ni bicicletas en estado “pedaleatorio” en el centro de la ciudad. Habitantes atraídos por publicidad engañosa, cuya única salida es el alcohol y que no tienen forma de regresar a sus casas una vez apurada la última botella.
Señor director, créame cuando le digo que yo no denunciaría públicamente estos hechos si se tratara de una ciudad surafricana, en vías de desarrollo y con una infraestructura pública ínfima. Pero SI me veo en la obligación moral de denunciarlo (y publicitarlo en mi país de origen para evitar que “timen” a los futuros turistas) cuando se trata de una ciudad que se considera a si misma como una de las capitales mundiales (mentira) y con una infraestructura pública puntera (ni en sueños).
Vamos amig@s, que si no habéis entendido nada de lo anterior os cuento: ¿mi fin de semana? La fiesta de la música anunciada a bombo y platillo aquí en París fue un fiasco (ya estoy acostumbrado porque esta ciudad no me ha ofrecido nada interesante en los 8 meses que llevo viviendo en ella) pero de lo que si me quejo (aunque ya sin fuerzas porque nadie me hace caso) es de la ineptitud de sus habitantes, que ni siquiera se quejaron cuando vieron que lo prometido por su alcalde (trenes y buses nocturnos durante toda la noche, a parte de decir que ofrecía música cuando luego no había NADA) era “agua de borrajas”. Pero está claro que el nivel de inteligencia de los habitantes de esta Villa equivale al de su alcalde, y después de una decepción más solo me queda repetir en público lo que alguna vez he dicho en privado: Si la Republica Checa, un país admitido en nuestra gloriosa Comunidad Europea hace tan solo 4 años, tiene mejores infraestructuras públicas que Francia… ¿Qué coño hacemos que no hemos expulsado ya de una patada en el culo a esta otra república de nuestra Comunidad?
Sin otro menester, que el de aclarar los hechos acaecidos durante el fin de semana para que los posibles turistas no estén engañados y puedan comprender que incluso Cuenca es mejor destino turístico que París, se despide un asiduo lector de su columna en particular y de su periódico en general.
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