Será que somos masoquistas (o siempre tropezamos en la misma piedra o simplemente nos entra el miedo).
La verdad es que lo vengo pensando desde hace algún tiempo, después de las charlas contigo, pero ha sido hoy, cuando me has desvelado el final, que me he decidido a escribir esta pequeña entrada.
Debe ser que el Ser Humano es masoquista por naturaleza y le gusta sufrir. Quizá sea porque el hombre es un animal de costumbres y tropieza siempre en la misma piedra. Siempre cometemos los mismos errores.
Conocemos a alguien, congeniamos, lo pasamos bien, intimamos, y es entonces cuando comenzamos a tener miedo. Un miedo conocido, experimentado cientos de veces, pero al fin y al cabo, irracional, que se apodera de todos nuestros actos. Miedo al siguiente paso, a la confianza, a dejar entrar a una nueva persona (al fin y al cabo tan solo la conozco desde...). Pero también miedo a un estancamiento, a ver la misma cara todos los días y en fin, a perder el gusanillo de la novedad.
Y es curioso, porque conforme pasan los años y las oportunidades cada vez congeniamos más con esa persona. Será por el recuerdo de experiencias anteriores. Será porque al fin y al cabo tropezar con la misma piedra tiene algo de bueno: la experiencia de elegir una piedra más pequeña y accesible para la próxima ocasión; aunque, al final, acabemos tropezando con ella también.
Pero en fin, el hombre es un animal de costumbres, de miedos y de tropiezos... así que como es costumbre, le entra el miedo y tropieza en la misma piedra, la misma acción. La disfraza de "escapada", de "liberación", de "menuda guarra" o de "si no es por ti, es por mi", y al final solo queda un vacío, un adiós y casi siempre un "que te den".
Pues nada chic@s, volveremos a tropezar en la siguiente piedra dentro de muy poco.... mientras tanto.... te echaremos de menos Catherine.
Esta entrada no tiene dedicatoria. Tan sólo está inspirada en historias y chismorreos que el viento trajo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario