12 de mayo de 2009

Una decima de segundo


No hace ni 12 horas desde que te has ido, pero tan solo han bastado un par de horas, dos horas de reflexión, para tener una lista de preguntas para ti.

Una lista de preguntas para ti y para todos los que son (somos) como tu. ¿Por qué? Esa es la pregunta que más me repito. ¿Es el alma atormentada la que rige el comportamiento o por el contrario es el comportamiento sin control el que provoca que el alma se atormente? ¿Es el alma atormentada la dueña y señora de la genialidad? ¿Puede un alma atormentada destruir la genialidad innata del cuerpo humano que la contiene? ¿Es el miedo de las noches frías y solitarias en las que el alma te desvela, la fuente y alimento de tus textos? ¿Sólo se puede acallar ese miedo, los gritos de esa alma, por medio de opiáceos? ¿Tanto miedo causan esos gritos que nos vemos obligados a “matar” la genialidad que de ellos se derivan?

Otra pregunta, quizá la que más miedo me da hacerte es ¿Nos espera realmente a todos el mismo fin? ¿Todos los que escuchamos las voces de las sirenas acabaremos condenados a una vida triste y solitaria?

Una décima de segundo y ese chico triste y solitario ya no está entre nosotros. Alguien dijo que la inmortalidad se basa en que tu obra sea recordada por alguien. En este caso te aseguro que te recordaremos todos los años en tu día.

“San Antonio, junio, 13 ya llegó…” Descansa (por fin) tranquilo y en paz.

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