Hola amig@s. No se por dónde empezar. Algunos sabéis lo que me ha ocurrido en el “viaje París-Madrid” pero otros no. También quería que esta entrada fuera algo especial, ver la parte graciosa del viaje y no la estupidez, y al mismo tiempo dedicarle la entrada a Diana, mi compañera de viaje. Así que empiezo por el principio, para los que sepáis la historia y los que no.
Bien: Mi vuelo salía el viernes por la mañana (11:35) del aeropuerto Charles de Gaulle. Me levanté a las 7 y algo para hacer las típicas cosas que los solteros “Rodríguez” tienen que hacer en los apartamentos y a las 9 salí en el tren al aeropuerto. Mi primer error, encadenación de un montón de estupideces, fue no comprar el billete de tren al aeropuerto la noche anterior (si amig@s, tengo un abono anual de transportes pero el aeropuerto no entra en ese abono… así es París… no la visitéis nunca). Perdí un tiempo precioso comprando el billete.
Cuando vi que el tren en el que iba montado iba a parar en todas las estaciones (putas leyes de Murphy) comprendí que iba muy justo para llegar al embarque. Pero tenía la corazonada de llegar a tiempo.
Y por supuesto, para el resto de mortales y compañías aéreas LLEGUÉ A TIEMPO. Pero no para la compañía AIR COMET, que por ser más chulos que los demás cierran el embarque 45 minutos antes del vuelo y no 30 como el resto de compañías del mundo MUNDIAL (amig@s, nunca se os ocurra volar con ellos, nunca jamás de los jamases, porque mis dos experiencias “casi religiosas” con ellos han sido casi satánicas).
Por supuesto, y siempre teniendo en cuenta las putas leyes de Murphy, si eliges un compañía de vuelo X para volar ten por seguro que será la única compañía que no tenga stand de información en el aeropuerto. NADIE NOS ATENDIÓ NI NOS DIO INFORMACIÓN (había más españoles somnolientos en la misma situación que yo). En ese momento conocí a Diana, que trataba de llegar a un pueblo de Huelva (pasando por Madrid) y que venía directa de Brasil. Ambos dos, aconsejados por el stand de información general del aeropuerto, decidimos comer allí mismo y esperar al siguiente vuelo de la compañía, ya que no estaba completo y había posibilidades de que nos “realojaran” aunque fuera en el baño, para volar a Madrid. Aún así los trabajadores del aeropuerto nos aconsejaron que consultáramos otras compañías “por si acaso no fuera a ser que….”.
Consultadas otras compañías vimos que volar un 4 de julio desde París a Madrid comprando el billete ese mismo día es EXTREMADAMENTE CARO. Así que nuestra decisión fue comer, compartir tiempo y charla y esperar a las 4 de la tarde para ver si podíamos volar con Air Comet en horario de tarde (como el programa del tomate).
Nuestro gozo quedó en un pozo cuando la señorita de Air Comet dijo que al ser tan RATAS de comprar los vuelos por internet con la tarifa más barata (no se para qué están las low cost si no se aprovechan luego) no nos permitían hacer cambios de aviones, por mucho que hubiéramos perdido el vuelo anterior de la misma compañía. Varios españoles congregados alrededor de la chiquilla y cada vez con menos humor se planteaban alquilar un coche para bajar a Madrid, pero la cosa no cuajó “el lunes por la mañana hay que estar aquí frescos para currar, etc”.
Diana y yo, por distintos motivos, teníamos que bajar imperativamente a Madrid. Pero los vuelos a Madrid cada vez eran más escasos y más caros (5 de la tarde) y los trenes de Paris no llegaban a tiempo para mi examen del sábado por la mañana en Cantoblanco.
Al final, tras muchas vueltas, discusiones, llamadas y consultas, nuestros cerebros se quedaron bloqueados. Ella llevaba muchas horas sin dormir y yo estaba moralmente roto. La única solución que vimos como lógica fue aceptar el ofrecimiento de Samuel de utilizar su coche. Lanzados a una carrera contrarreloj hacia su casa, discutimos allí los pros y contras del viaje en coche. Las horas de duración, la falta de sueño de ambos, el que sólo hubiera un Carnet de conducir en la sala…. Pero al final se vio cómo “viable y posible” la aventura, estupidez, o como lo queráis denominar (ya he escuchado muchos adjetivos para mi viaje este fin de semana en España).
Y como se vio como “viable y posible” decidimos coger el coche. A eso de las 19:15h salíamos de casa de Samuel dirección Burdeos. A las 19:50h nos dimos cuenta que no íbamos dirección Burdeos sino Lyon e intentamos dar la vuelta. A las 20:15 estábamos de nuevo en casa de Samuel, así que después de perder casi una hora en una vuelta estúpida (¿por qué cada vez sale más a colación esa palabra?) encontramos el camino de baldosas amarillas que bajaba de París a Burdeos, luego Bayona, luego San Sebastián, Burgos y Madrid.
No os voy a contar toda la noche, el viaje, las paradas continuas a tomar café, las charlas de Diana (si no me hubiera mantenido despierto ella… GRACIAS DIANA). Pero os podéis imaginar que un viaje que el google.maps da como de 12h es en realidad mucho más largo.
Si amig@s. Seguramente ya os estaréis imaginando, por la cantidad de veces que la palabra estupidez ha salido en la entrada, que no conseguí llegar a tiempo a Cantoblanco a las pruebas. Fue una paliza de viaje, con sus horas bajas y sus horas altas (en función del café que tomamos).
Pero nuestra pequeña aventura a lo Willy Fogg nos dejó a pesar de todo un buen sabor de boca, la promesa de una caña el sábado que viene en París (Diana te tomo la palabra) y la promesa, un poco más lejana, de un nuevo viaje, más planeado, más pensado pero igual de “estúpido”.
Bueno, esta entrada va dedicada para todos los que crecimos con Willy Fogg, con la idea utópica de que en 80 días se puede recorrer el mundo (o bajar de París a Madrid en 10 horas) y para todos aquellos que aunque ya estamos creciditos seguimos viajando con una sonrisa por pasaporte, llueva, nieve o haga sol. Y en especial a mi compañera de viaje, Diana. Un abrazo a todos, y por supuesto, vuelvo a estar por París, paso aquí el verano, así que los que tengáis ganas de imitar a Willy Fogg… sois bienvenidos a casa a dormir y compartir historias de viajes.
Bien: Mi vuelo salía el viernes por la mañana (11:35) del aeropuerto Charles de Gaulle. Me levanté a las 7 y algo para hacer las típicas cosas que los solteros “Rodríguez” tienen que hacer en los apartamentos y a las 9 salí en el tren al aeropuerto. Mi primer error, encadenación de un montón de estupideces, fue no comprar el billete de tren al aeropuerto la noche anterior (si amig@s, tengo un abono anual de transportes pero el aeropuerto no entra en ese abono… así es París… no la visitéis nunca). Perdí un tiempo precioso comprando el billete.
Cuando vi que el tren en el que iba montado iba a parar en todas las estaciones (putas leyes de Murphy) comprendí que iba muy justo para llegar al embarque. Pero tenía la corazonada de llegar a tiempo.
Y por supuesto, para el resto de mortales y compañías aéreas LLEGUÉ A TIEMPO. Pero no para la compañía AIR COMET, que por ser más chulos que los demás cierran el embarque 45 minutos antes del vuelo y no 30 como el resto de compañías del mundo MUNDIAL (amig@s, nunca se os ocurra volar con ellos, nunca jamás de los jamases, porque mis dos experiencias “casi religiosas” con ellos han sido casi satánicas).
Por supuesto, y siempre teniendo en cuenta las putas leyes de Murphy, si eliges un compañía de vuelo X para volar ten por seguro que será la única compañía que no tenga stand de información en el aeropuerto. NADIE NOS ATENDIÓ NI NOS DIO INFORMACIÓN (había más españoles somnolientos en la misma situación que yo). En ese momento conocí a Diana, que trataba de llegar a un pueblo de Huelva (pasando por Madrid) y que venía directa de Brasil. Ambos dos, aconsejados por el stand de información general del aeropuerto, decidimos comer allí mismo y esperar al siguiente vuelo de la compañía, ya que no estaba completo y había posibilidades de que nos “realojaran” aunque fuera en el baño, para volar a Madrid. Aún así los trabajadores del aeropuerto nos aconsejaron que consultáramos otras compañías “por si acaso no fuera a ser que….”.
Consultadas otras compañías vimos que volar un 4 de julio desde París a Madrid comprando el billete ese mismo día es EXTREMADAMENTE CARO. Así que nuestra decisión fue comer, compartir tiempo y charla y esperar a las 4 de la tarde para ver si podíamos volar con Air Comet en horario de tarde (como el programa del tomate).
Nuestro gozo quedó en un pozo cuando la señorita de Air Comet dijo que al ser tan RATAS de comprar los vuelos por internet con la tarifa más barata (no se para qué están las low cost si no se aprovechan luego) no nos permitían hacer cambios de aviones, por mucho que hubiéramos perdido el vuelo anterior de la misma compañía. Varios españoles congregados alrededor de la chiquilla y cada vez con menos humor se planteaban alquilar un coche para bajar a Madrid, pero la cosa no cuajó “el lunes por la mañana hay que estar aquí frescos para currar, etc”.
Diana y yo, por distintos motivos, teníamos que bajar imperativamente a Madrid. Pero los vuelos a Madrid cada vez eran más escasos y más caros (5 de la tarde) y los trenes de Paris no llegaban a tiempo para mi examen del sábado por la mañana en Cantoblanco.
Al final, tras muchas vueltas, discusiones, llamadas y consultas, nuestros cerebros se quedaron bloqueados. Ella llevaba muchas horas sin dormir y yo estaba moralmente roto. La única solución que vimos como lógica fue aceptar el ofrecimiento de Samuel de utilizar su coche. Lanzados a una carrera contrarreloj hacia su casa, discutimos allí los pros y contras del viaje en coche. Las horas de duración, la falta de sueño de ambos, el que sólo hubiera un Carnet de conducir en la sala…. Pero al final se vio cómo “viable y posible” la aventura, estupidez, o como lo queráis denominar (ya he escuchado muchos adjetivos para mi viaje este fin de semana en España).
Y como se vio como “viable y posible” decidimos coger el coche. A eso de las 19:15h salíamos de casa de Samuel dirección Burdeos. A las 19:50h nos dimos cuenta que no íbamos dirección Burdeos sino Lyon e intentamos dar la vuelta. A las 20:15 estábamos de nuevo en casa de Samuel, así que después de perder casi una hora en una vuelta estúpida (¿por qué cada vez sale más a colación esa palabra?) encontramos el camino de baldosas amarillas que bajaba de París a Burdeos, luego Bayona, luego San Sebastián, Burgos y Madrid.
No os voy a contar toda la noche, el viaje, las paradas continuas a tomar café, las charlas de Diana (si no me hubiera mantenido despierto ella… GRACIAS DIANA). Pero os podéis imaginar que un viaje que el google.maps da como de 12h es en realidad mucho más largo.
Si amig@s. Seguramente ya os estaréis imaginando, por la cantidad de veces que la palabra estupidez ha salido en la entrada, que no conseguí llegar a tiempo a Cantoblanco a las pruebas. Fue una paliza de viaje, con sus horas bajas y sus horas altas (en función del café que tomamos).
Pero nuestra pequeña aventura a lo Willy Fogg nos dejó a pesar de todo un buen sabor de boca, la promesa de una caña el sábado que viene en París (Diana te tomo la palabra) y la promesa, un poco más lejana, de un nuevo viaje, más planeado, más pensado pero igual de “estúpido”.
Bueno, esta entrada va dedicada para todos los que crecimos con Willy Fogg, con la idea utópica de que en 80 días se puede recorrer el mundo (o bajar de París a Madrid en 10 horas) y para todos aquellos que aunque ya estamos creciditos seguimos viajando con una sonrisa por pasaporte, llueva, nieve o haga sol. Y en especial a mi compañera de viaje, Diana. Un abrazo a todos, y por supuesto, vuelvo a estar por París, paso aquí el verano, así que los que tengáis ganas de imitar a Willy Fogg… sois bienvenidos a casa a dormir y compartir historias de viajes.
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