22 de octubre de 2007

Una de filosofía e introspección

Hola chic@s. Como esto es un diario de a bordo, pues alguna vez tenía que tocar una de filosofía e introspección (está planeado que sea una vez l mes).

Son esas veces que me siento solito y me pongo a escribir sobre el por qué de mi estancia aquí, sobre el qué narices pinto yo aquí, etc. Pero ya veréis como tiene un buen final. (jejeje).

Esta tarde, paseando por el centro de la ciudad me pasó una cosa que sólo nos pasa a los que hemos tenido largas estancias fuera del país materno. Ya me pasó en Alemania, y alguna vez en Madrid. Es esas veces que estás paseando y escuchas a 4 grupos distintos de personas hablando en 3 o 4 idiomas distintos y da la casualidad de que entiendes las 3 o 4 conversaciones. Entonces sientes un sentimiento creciente de desarraigo, de no saber quién eres, ni por qué estás en el sitio en el que estás. Y lo peor de todo, no es que no te sientas de ese sitio, sino que pierdes por un momento la certeza y seguridad de pertenecer a un sitio definido al que llamas hogar de nacimiento.

Por un momento, sólo por un momento, te daría igual haber nacido en un sitio que en otro. Escuchas a mucha gente a tu alrededor, y te identificas con todos ellos y al mismo tiempo pierdes las raíces que te identifican a ti. No sabes si perteneces al sitio en el que estás, si deberías salir corriendo y buscar otro sitio o si debes, por el contrario, luchar por hacerte un hueco en dónde estás.

Todo esto pasa en milésimas de segundo, y al final todo vuelve a la normalidad. Vuelves a ser tu mismo, pero has perdido parte de tu identidad, como si se hubiera producido un intercambio de caracteres en algún punto del proceso en el que te has planteado tantas cosas. De igual manera, la identidad de otras muchas personas y lugares, ha ocupado ese hueco que ha dejado el trocito de ti que se ha ido.

No se si alguno de vosotros ha visto la película “El Albergue Español”. En esa película el protagonista sufre un proceso parecido al que os describo. Por un momento pierde su identidad, su lengua, sus ideas preconcebidas, todo lo que tenía como seguro. Solo por un momento. Luego recupera parte de todo eso, pero le falta algo, y en su lugar hay una pieza nueva del puzzle que tiene que aprender a encajar.

La experiencia que se saca de todo esto siempre es positiva. Porque lo que uno mismo pierde, realmente no lo olvida. Queda en el subconsciente, como una tarea o rutina típica. En cambio, lo que gana se añade al conjunto de experiencias y conocimientos, haciendo crecer a la persona, haciendo crecer su mente, su capacidad de entender otras culturas y de entenderse a si mismo, como una unidad de un conjunto más grande.

Bueno, perdonar por toda esta retahíla de ideas tontas y estúpidas. Tal vez es que me aburro yo solo en París. Tal vez es que ya me he acostumbrado a vivir en ciudades distintas a las de origen, con distinto idioma y distinta mentalidad. Tal vez es que ayer por la tarde estuviera muy aburrido y harto de la ciudad. Tal vez es u poco de todo. Y que a pesar de todo lo que pueda parecer… NO ME HE FUMADO NINGÚN PORRO PARA ESCRIBIR ESTÁ ENTRADA (¡¡AMPARO!!). Simplemente es que una vez al mes toca una cosa de estas. Si no os gusta os la saltáis y leéis lo del día siguiente.

Pero para relajar el ambiente, os puedo contar que Inglaterra perdió la final finalísima de rugby contra Sudáfrica. Parece mentira pero me he tragado parte de un mundial de un deporte que todavía no he conseguido entender.

Lo que he sacado en claro es que el árbitro usa el pito cuando le sale de los coj… (mejor: emplea el silbato a su libre albedrío), y a pesar de que los jugadores tienen que pasar con el balón en la mano por la línea final, de vez en cuando pueden patear el balón (no me preguntéis en qué ocasiones) y meter también puntos. ¡Ah! No hay fueras de banda, aunque hay veces que el árbitro emplea su silbato para que saquen de fuera de banda (yo tampoco lo entiendo). Pero lo prometo, ¡¡A PARTIR DE AHORA NO HABLO MÁS DE RUGBY!!

Un abrazo chic@s.

1 comentario:

Unknown dijo...

Yo reflexiono: Todos pertenecemos a ninguna parte. Lo que nos arraiga a algún sitio son las personas que encontramos en los lugares. Busca, que habrá franceses majos.(Alguno de Estrasburgo...)